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UNCTAD
 
Declaración de la
Red del Tercer Mundo


Alocución de Chakravarthi Raghavan en nombre de la Red del Tercer Mundo durante la 43ª sesión de la Junta de Comercio y Desarrollo de la UNCTAD, el 15 de octubre de 1996.


Señor Presidente:

Quiero empezar sumándome a los demás para felicitar al presidente y a los miembros del directorio por su elección. Esperamos que esta primera sesión sustancial después de Midrand esté coronada por el éxito. Compartimos los sentimientos expresados por el secretario general sobre el inminente retiro de Roger Lawrence. La duda, señor. presidente, es un ingrediente tan importante en la política económica como en las decisiones políticas. Conocemos a Roger desde hace 20 años y él es uno de esos raros economistas comprometidos con el desarrollo, que combina su vasto conocimiento con la "duda" y que está dispuesto a rever las políticas y sugerir cambios cuando parecen no dar resultado. Nosotros, al igual que la UNCTAD, lo extrañaremos.

Queremos unirnos a los demás para agradecer al secretario general, Rubens Ricúpero, por su importante discurso de apertura y por compartir con nosotros su pensamiento, y en particular sus opiniones sobre la necesidad de traer "esperanza" a la gente. Hemos leído cuidadosamente los documentos presentados a la Junta y en particular el Informe sobre Comercio y Desarrollo y el Informe sobre la Inversión Mundial, y hemos escuchado las opiniones de expertos acerca del Informe sobre Comercio y Desarrollo en el plenario informal del 9 de octubre, y las discusiones, documentos y opiniones en el Foro Mundial de Inversión del 10 de octubre. No queremos reiterarlos aquí. Nuestra intención es ofrecer ciertas opiniones y comentarios preliminares.

Informe sobre Comercio y Desarrollo, 1996

Acorde con su prestigio, el Informe sobre Comercio y Desarrollo realiza al comienzo un análisis de gran calidad, más aún en el estudio de la experiencia del este asiático y su aplicabilidad a los demás países. Si bien compartimos en gran medida sus conclusiones, tenemos ciertas dudas en cuanto al espacio disponible para los países en desarrollo dentro del sistema de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Los países en desarrollo, aisladamente, podrían expandir con ciertas iniciativas constructivas el espacio de que disponen, y los países menos adelantados también podrían hacer lo mismo si pudieran superar otras limitaciones. Es necesario reconocer claramente que los países industrializados, como demandantes de la Ronda Uruguay, han erigido numerosas barreras y obstáculos en el camino del desarrollo de los países del Sur. El escenario nivelado que crearon para sí es tan alto que son muy pocos los países del mundo en desarrollo que pueden llegar hasta allí.

Pero nuestro punto de partida no debe ser encogerse de hombros y seguir adelante con el consejo de "ajustarse", sino un estudio de los efectos y el intento de cambiar las reglas limitantes del juego. Como señaló el secretario general de la UNCTAD, este tipo de globalización, y las reglas del juego que la hacen posible, no son como las "reglas" del sistema planetario de nuestro universo físico. Están hechas por el ser humano, pueden cambiarse, esperamos que con el diálogo y acciones conjuntas del mundo en desarrollo y la cooperación del Norte.

Las ONG del Sur, y varias del Norte, han comenzado a encarar este tema, y queremos alentar a nuestros gobiernos del Sur y a los sectores esclarecidos de los gobiernos del Norte, a transitar este proceso. Estamos prontos a ofrecer, dentro de nuestra limitada capacidad, todo el apoyo que los países en desarrollo necesiten en esta materia. Con este espíritu, la Red del Tercer Mundo organizó y celebró en setiembre, en Ginebra, un seminario para delegaciones de países en desarrollo sobre la Organización Mundial de Comercio, la próxima Conferencia Ministerial de Singapur y de allí en más. Algunos de los temas planteados en el Informe sobre Comercio y Desarrollo y el Informe sobre la Inversión Mundial figuraron en los documentos presentados por los expertos así como en las discusiones del seminario. El seminario tuvo una vasta concurrencia y la plena participación de los delegados durante los dos días de las sesiones, aún cuando, a diferencia de los seminarios para inversión y medio ambiente y otros por el estilo dirigidos por donantes, ¡no pudimos ofrecer hospedaje!

Todavía estamos en vías de editar la vastísima documentación presentada por los expertos acerca de los resultados de la Ronda Uruguay y los muchos acuerdos. Se está trabajando en una evaluación más detallada de los costos y beneficios para los países y sus pueblos en forma individual. Pero las evaluaciones ya terminadas muestran que la realidad está muy lejos de la euforia inicial a partir de la cual la mayoría de los países firmaron el acuerdo de Marraquech.

Desequilibrio y asimetría

En nuestro seminario quedó claro que el resultado ha sido de desequilibrio y asimetría, que los beneficios del nuevo orden comercial y de la liberalización se reducen por el momento meramente a "promesas" para el futuro, mientras que los costos y las pérdidas para el Sur están en primera plana. Se ha comprobado que algunas de las estimaciones y argumentos econométricos iniciales salidos de las Instituciones de Bretton Woods, así como de la Secretaría de la OMC, resultaron muy exagerados.

En el último año y medio, miembros de nuestra Red, en sus viajes por todo el mundo, se han reunido con otras ONG y movimientos de base así como grupos empresariales locales, participando de sus discusiones. Nosotros no podemos ni pretendemos hablar por ninguno de ellos, pero la impresión que nos quedó y que queremos compartir con ustedes es que en casi todos los países hay un sentimiento creciente de preocupación e inseguridad en torno a los puestos de trabajo y los ingresos, y la caída constante de los niveles de vida. Sí, una falta de esperanza en el futuro, particularmente entre los jóvenes, y con motivos fundados.

El consejo de perseverar con las "reformas" y seguir el consenso "neoliberal" de Washington, de ser paciente, hacer más ajustes y sobrellevar las penurias porque así luego vendrá la recompensa, es como la teología de las iglesias fundamentalistas. Cuanto más pronto se reconozcan las fallas y se cambien las políticas, mejor les irá a todos, incluso a aquéllos sentados en la cúspide de la pirámide que no miran hacia abajo a la realidad terrenal.

La torta se prueba comiéndola. Y lo que importa es la percepción pública de los efectos de esta globalización, y más aún en un mundo en que el espacio democrático y el debate se están expandiendo y en general no se presta demasiada atención a los medios instituidos, que son parte del sistema trasnacional y la cultura empresarial y cantan salmos sobre los éxitos logrados.

Es innegable que la percepción pública es negativa. Las promesas eufóricas del orden neoliberal y de la globalización dirigida por las trasnacionales, es vista por el público como creadoras de una gran riqueza para unos pocos y la marginación de grandes mayorías, tanto en el mundo industrializado como en el mundo en desarrollo, con desigualdades muy grandes, política y socialmente inaceptables, dentro de las sociedades y entre los países. Un pequeño porcentaje de un pequeño grupo de países están prosperando y aumentando su riqueza (y haciendo una ostentación obscena de sus altos niveles de vida).

El contorno de esta sociedad global y nacional tan desigual ya fue demostrado en el Informe sobre Desarrollo Humano de este año y no queremos repetirlo aquí. Pero a menos que se cambien pronto las asimetrías intrínsecas de las reglas de juego del comercio, el dinero y las finanzas, y la forma no transparente y antidemocrática en que estas instituciones económicas internacionales toman las decisiones, es probable que la vasta mayoría de la población de nuestro planeta enfrente un futuro sombrío.

La globalización e integración de los países en una única economía mundial podría ser un proceso positivo, pero sólo si se corrigen esas asimetrías. Como manifestó el profesor Deepak Nayyar en el plenario informal, la estrategia de pedirle a los países en desarrollo que se "integren rápido" a la economía mundial, con reglas de juego asimétricas, con promesas de beneficios vagos a quienes entran en el juego y augurios de privación y marginación a los que no pueden o no quieren hacerlo, no funciona.

Esta estrategia de globalización trata de repetir los procesos y estrategias de fines del siglo XIX en que nuestros países se sometieron al imperio y la economía colonial para beneficio de Europa y América del Norte. Este nuevo intento enfrentará el mismo destino que aquél, y en un lapso más corto. Al igual que fracasaron el Estado liberal del siglo XIX y las economías de dominio y el keynesianismo que surgieron como respuesta, también lo han hecho las actuales políticas neoliberales impulsadas con fervor dogmático.

Existe la necesidad de un análisis objetivo de los hechos, y un esfuerzo por corregir el actual marco de políticas. La UNCTAD, con su atención puesta en el desarrollo, es el organismo más apto para hacerlo. Pero debe actuar con cierta valentía, y estar dispuesta a pensar, y pensar lo impensable. Puede salir más fácilmente de su propia experiencia o la del sistema intergubernamental para buscar experiencia afuera. Pero necesita dar un mayor equilibrio en la participación, que refleje diversas opiniones. Reconocemos y agradecemos tanto al secretario general, Rubens Ricúpero, como a la nueva dirigencia de esta división, el profesor Mytelka, por haber intervenido, si bien en una última etapa, y por haber tratado de introducir mayor equilibrio en la discusión, que de lo contrario hubiera quedado limitada a un ejercicio de propaganda por parte de las trasnacionales. Pero las actividades futuras necesitarán mayor sustancia y menos despliegue para promover un diálogo y un debate genuinos.

El dirigismo estatal no trae desarrollo, pero tampoco el dirigismo del sistema trasnacional ni los esfuerzos individuales de las trasnacionales por maximizar sus ganancias y su acumulación de capital mundial. El negocio de las trasnacionales es lograr ganancias, pero el negocio de los gobiernos es promover el desarrollo.


 

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