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Agricultura
 
La plaga de ... los plaguicidas


Los países industrializados utilizan alrededor de 80% de los agroquímicos que se consumen en el mundo, pero un 99% de las muertes por envenenamiento a causa de los plaguicidas ocurre en países en desarrollo.



El informe "Plaguicidas en Zimbabwe, toxicidad y consecuencias en la salud" fue publicado por la Universidad de Zimbabwe en abril, y hace referencia a que el uso de productos tóxicos en la mayoría de los países en desarrollo se conjuga con factores ambientales y sociales que aumentan el riesgo que entraña el manejo de estas sustancias.

El estudio menciona en especial que la falta de control y equipos en los países pobres provoca el uso indiscriminado de sustancias tóxicas que han sido prohibidas o restringidas en los países desarrollados.

También señala que en climas tropicales, los trabajadores agrícolas, al no estar al tanto de los peligros, por mayor comodidad prefieren manipular estos productos sin la ropa y el equipo protector adecuado, cuando disponen de ellos.

"La mayoría de los plaguicidas son creados, probados y fabricados en países desarrollados de clima templado. El intento de simular condiciones climáticas tropicales no tiene en cuenta los factores que interactúan en los países en desarrollo", aseguran en el informe los investigadores Rene Loewenson y Charles Nhachi.

Los plaguicidas "más efectivos"

El estudio, una colección de artículos sobre el impacto de los plaguicidas en la salud, menciona la preocupación expresada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) ante las campañas de promoción de algunos importadores y abastecedores, que para colocar plaguicidas prohibidos en países industrializados los promocionan en los mercados de los países en desarrollo como "más efectivos".

El valor total de las ventas mundiales de plaguicidas se duplicó entre 1972 y 1985, y el crecimiento más rápido se registró en los países en desarrollo. En la última década, Africa, donde las ventas aumentaron 182% entre 1980 y 1984, fue el mercado de mayor crecimiento, según el informe.

El uso de plaguicidas continúa jugando un papel fundamental en el mantenimiento de la producción agrícola, especialmente en predios comerciales de gran escala.

La mayoría de las economías de Africa se basan en este sector, y en Zimbabwe, por ejemplo, las exportaciones agrarias constituyen más de la mitad de las divisas extranjeras que ingresan al país.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la invasión de maleza, las enfermedades de las plantas y los insectos provocan la pérdida de entre un 30 y un 35 por ciento de las cosechas.

"Se afirma que si no se usaran plaguicidas las pérdidas serían aun mayores", escribió Rodwell Chitemerere, inspector de Seguridad y Salud del Ministerio de Trabajo de Zimbabwe.

Pero, según el estudio, por el uso de agroquímicos todos los años resultan intoxicados alrededor de 25 millones de trabajadores agrícolas, de los cuales mueren unos 20.000.

El uso de esas sustancias se convirtió en parte integral de la producción agrícola de todo el mundo. Según la OMS, por cada habitante del planeta se aplica actualmente más de un kilogramo de plaguicidas al año.

Una práctica extendida

De los trabajadores de los establecimientos agrícolas en gran escala de Zimbabwe, alrededor del 30 al 50 por ciento están expuestos a la posibilidad de intoxicación. En este país de Africa meridional, más del 60% de la mano de obra está empleada o depende de la agricultura.

"Cuando se rocían los cultivos desde una avioneta, a veces los campesinos permanecen en los predios como indicadores. En ese caso, deberían usar ropa protectora", dice Trish Mbanga, de la Asociación de la Industria Agroquímica.

Pero una encuesta realizada en Zimbabwe demuestra que la mayoría de los trabajadores apenas conoce el tipo de sustancias que utilizan o sus efectos.

"Este factor, sumado a las altas temperaturas registradas en el verano en Zimbabwe, podría explicar por qué algunos trabajadores no se ponen la ropa adecuada cuando el capataz no los ve", sostiene Reginald Matchaba, del Departamento de Medicina Comunitaria de la Universidad de Zimbabwe.

Diagnósticos erróneos

De todos modos, un análisis del registro estadístico de accidentes ocasionados por el uso de plaguicidas en ese país no revela un número alarmante de accidentes o decesos.

"La mayoría de los casos de envenenamiento no se comunican a las autoridades. Muchos trabajadores han tenido uno o dos espasmos o sufren problemas de piel, y podrían sufrir efectos a largo plazo que van desde cambios en la conducta hasta cáncer", afirma Chitemerere. "Los casos crónicos no se registran hasta que el trabajador se ha jubilado o lo despiden por motivos de salud. Además, hay errores de diagnóstico debido a la falta de conocimientos entre los médicos", opina. Y no existe un sistema de control coherente para informar los casos de envenenamiento por agroquímicos.

"Esto indica que es necesario impartir mayor cantidad de seminarios educativos adaptados para cada grupo especial de trabajadores, además de poner mayor énfasis en las medidas de control de la ingeniería, en lugar de apostar al equipo de protección personal", argumenta Matchaba.

(Fuente: SUNS/IPS)


 

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