Comercio
 

Banco Mundial

¿Despedirá Wolfensohn a su principal asesor comercial?

El tema del comercio y la necesidad de una negociación entre países desarrollados y en desarrollo "es el nuevo himno que cantamos ahora", manifestó el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn el 27 de setiembre durante la mesa redonda que sirvió como introducción pública a las sesiones secretas de la junta de gobernadores del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial realizadas durante un fin de semana en Washington.

En un comunicado de prensa de amplia difusión, Nicholas Stern, economista principal del Banco Mundial, dijo que "mejorar el acceso al mercado para los países en desarrollo es uno de los pasos más importantes que pueden dar los países ricos en la lucha contra la pobreza mundial. Es hipócrita alentar a los países pobres a que abran sus mercados mientras se imponen medidas proteccionistas que sirven a determinados intereses poderosos de los países ricos".

Sin embargo, durante una discusión con organizaciones de la sociedad civil, Uri Dadush, director del recientemente creado Departamento de Comercio Internacional del Banco Mundial, reiteró insistentemente que "la liberalización es buena para ustedes, independientemente de lo que hagan otros". Con base en ese argumento, Uri Dadush defendió la lógica de que el Banco Mundial exija la liberalización del comercio y los servicios de los países en desarrollo como parte de sus condicionamientos, independientemente de si los países industrializados llevan a cabo o no la "prédica" del Banco de aplicar una "liberalización unilateral" y mejorar el acceso a los mercados para los países en desarrollo.

Roberto Bissio, coordinador de Control Ciudadano y la única voz de la sociedad civil en la mesa redonda inaugural, argumentó que la presión del Banco Mundial y el FMI para una liberalización unilateral "está deteriorando la posición negociadora de los países en desarrollo cuando van a las negociaciones comerciales, y son ellos quienes realmente establecen las reglas".

Wolfensohn replicó inmediatamente: "Creo que la respuesta es que eso se cumplía más en el pasado que ahora. Creo que la cuestión de las acciones uniformes y unilaterales tal vez haya sido válida alguna vez, pero no sé quién es que dijo eso. Si me da su nombre, me ocuparé de que esa persona no trabaje más aquí".

Antes de que se pronunciara ningún nombre, el presidente del Banco Mundial acotó su amenaza de sanciones con una sonrisa: "Esto es una democracia, y por cierto me aseguraré de que se vayan y trabajen para el FMI".

La posibilidad de que las políticas comerciales se conviertan en causal de despido de funcionarios internacionales parecía preocupar a Wolfensohn, ya que añadió, refiriéndose a él y a Horst Koehler, director gerente del FMI, también presente en la mesa redonda, el presidente del Banco agregó: "Creo que en este momento hemos asumido mucho más un papel de defensores (de los países en desarrollo). No es fácil, ya que como usted dice, nuestros principales accionistas son los países ricos, y eso es así. No sé por cuánto tiempo más ocuparemos este cargo, pero hablamos mucho sobre el tema del comercio, sobre el tema de una negociación a dos puntas, y tal vez hemos sido lentos en aprender, pero es el nuevo himno que cantaremos de ahora en adelante".

Los comentarios de Wolfensohn provocaron algunas risas entre la audiencia, pero también dejaron nerviosos a algunos funcionarios del Banco Mundial, ya que no sería la primera vez que alguien es despedido del organismo por no seguir la línea oficial.

Los otros panelistas de la mesa redonda, que fue moderada por Alan Murray, presidente de la Junta de Washington de la cadena de televisión CNBC, eran el ministro de Desarrollo de Suecia, Jan Karlsson, el ministro de Finanzas de Sudáfrica, Trevor Manuel, y el presidente de Goldman Sachs International, Robert Hormats.

El comercio y el dogma y la práctica del "libre comercio" fueron temas predominantes en el debate, si bien los panelistas reconocieron que el Norte no había practicado las doctrinas que había predicado al Sur y que era hora de que lo hiciera, tratando de señalar como culpables a los ciudadanos del Norte que no eran conscientes o no estaban dispuestos a cambiar las políticas de protección.

Aparte de los comentarios de Wolfensohn sobre el "nuevo himno" en materia de comercio, hacia el final de las discusiones del panel, cuando le preguntaron si en lugar de la fallida propuesta basada en el mercado, el FMI adoptaría un enfoque basado en los derechos humanos como la mejor forma de dirigir los asuntos fiscales más eficientemente en los países, Koehler insistió en la propuesta de mercado del FMI y dijo: "la economía basada en el mercado sigue siendo todavía el modelo fundamental (...) lo que necesitamos hoy en día es una política para corregir las fallas del mercado. Ese es el tema".

Queda por ver si se trata sólo de un juego semántico o de algo más, como una ruptura con el Consenso de Washington, el cual fue repudiado en la UNCTAD X de Bangkok por su predecesor, Michel Camdessus, el último día que ocupó el cargo, con las siguientes palabras: "¿Qué Consenso de Washington? Yo nunca firmé uno".

La transcripción de los debates en el panel demostraron que todos los participantes oficiales estuvieron a la defensiva. Sin embargo, aún cuando coincidieron con la crítica de parte de la sociedad civil (tanto de Bissio como de la audiencia), el resto de los panelistas -particularmente Karlsson y Manuel- buscaron cuestionar la representatividad de las ONG. En ese sentido, los panelistas hicieron referencia a que sus cargos eran resultado de una elección y preguntaron a quiénes representaban las ONG. Tal vez hubiera sido una pregunta legítima si una ONG sueca o sudafricana hubiera cuestionado las opiniones de los ministros o la opinión de un país. Pero en la medida que ninguno de los participantes había reivindicado ser más representativo que los panelistas, el tema objeto de cuestionamiento era dudoso y daba para pensar que podía tratarse de un caso de "políticos del mundo, uníos contra las ONG".

El moderador Murray dio comienzo a la mesa redonda refiriéndose a los cambios ocurridos en los últimos tres años: la explosión de la burbuja tecnológica y el fin de la burbuja financiera de las empresas de Internet, los sucesos del 11 de septiembre, la "guerra al terrorismo" en Afganistán y la malversación empresarial en Estados Unidos, desde los 17.000 millones de dólares de ingresos mal declarados hasta los 17.000 dólares gastados en paragüeros para funcionarios ejecutivos. Dijo además que, se estuviera de acuerdo o no con las opiniones de Robert Weissman –expresadas en una columna del Washington Post de la semana anterior- en cuanto a que "la era del fundamentalismo del mercado está superada", es claro que la fe en los mercados libres, la apertura de los mercados y el capitalismo, se ha diluido. "¿Y qué razón hay para creer –después de Monterrey, Johannesburgo y Doha- que la promesa de desarrollo y los problemas de los pobres del mundo se resolverán de mejor manera en la próxima década?".

Manuel habló de los compromisos establecidos en esas conferencias y de que el tema clave es la "financiación". Karlsson coincidió con eso, pero también destacó que promover el multilateralismo es el principal desafío.

Bissio, quien está a cargo de Social Watch-Control Ciudadano, una coalición de ONGs que monitorea el cumplimiento de los compromisos asumidos por los gobiernos en la Cumbre de Copenhague, dijo que si bien los países del Sur hicieron un esfuerzo enorme, logrando un nivel de respeto de los derechos humanos mayor que hace 15 o 20 años, y asignando a políticas sociales un porcentaje mayor de su presupuesto, los países desarrollados no cumplieron sus compromisos.

No se cumplieron los compromisos de ayuda de hace 25 años (que prometían el 0,7 por ciento del Producto Interno Bruto), ni las promesas de abrir mercados a los productos de los pobres o la promesa de crear oportunidades. El "pacto de desarrollo" careció del compromiso de los países más ricos, concluyó. "Y en ese escenario, el FMI y el Banco Mundial siguen diciendo a los países en desarrollo que deberían continuar privatizando y abriendo los mercados unilateralmente, actuando de acuerdo con las reglas para un mundo perfecto que los países desarrollados no aplican para sí mismos", expresó Bissio. "La prédica va también para los países desarrollados, pero el poder del FMI y del Banco Mundial sobre los países en desarrollo es muy, muy grande. Los países desarrollados, dueños del FMI y del Banco Mundial, pueden recibir esa prédica como un buen consejo pero no se sienten presionados a cambiar su conducta".

En sus respuestas, tanto Koehler como Wolfensohn estuvieron de acuerdo en que hay un "doble discurso" (en el Norte) y que el problema es cómo solucionar esto. Koehler dijo que el fundamentalismo de mercado nunca había sido llevado a cabo, pero que si lo hubiera sido, por ejemplo en países industrializados, tendríamos "mejores mercados". El consejo que se le dio a los países en desarrollo, de reformar sus economías con el fin de "acercarse a los mercados", debió haber estado acompañado del consejo de establecer instituciones de seguridad social y resolver cuestiones como la gobernanza, la corrupción, etc. No obstante, es necesario contar con una "política de comercio mejor", concedió.

Hormats estuvo de acuerdo en que hay un "doble discurso" en materia de comercio: se presiona a los países en desarrollo para que introduzcan reformas en el mercado, mientras que el mundo industrializado tiende a proteger a ciertos sectores contra la competencia de las importaciones, y la agricultura es el ejemplo más notorio. Sin embargo, no se trata de convencer a los dirigentes para que eliminen la protección, sino que el problema consiste en que no hay conciencia suficiente en gran parte de la población.

Por su parte, Wolfensohn, sin rechazar el análisis de Bissio, encontró ciertas razones para ser más optimista, y dijo que el tema no es filosófico sino de cumplimiento de los compromisos. "Gente como el señor Koehler, como yo mismo y otros intentará y hará responsables a todos" manifestó el presidente del Banco Mundial, y enfatizó: "Durante muchos años hemos sido bastante activos ante la opinión pública en el tema comercio y subvenciones".

Bissio dijo que si bien el FMI y el Banco Mundial han sido muy activos, es un "juego complicado" ya que trabajaron a partir de la noción de que la liberalización unilateral era buena para los países, una opinión que las ONG habían escuchado de uno de los funcionarios del Banco en una sesión anterior. Pero cuando los países en desarrollo van a Ginebra, en la Organización Mundial de Comercio (OMC) se les dice que las conversaciones giran en torno a que adopten "mayores compromisos" y que lo que hicieron antes de manera unilateral no cuenta. "¿Cuánto más van a liberalizar, cuánto más abrirán sus mercados?", es la pregunta con que se enfrentan.

Las políticas del FMI y del Banco Mundial deterioraron en realidad la posición negociadora de los países en desarrollo en las negociaciones comerciales, y fue ahí donde se establecieron las reglas.

Wolfensohn dijo que eso se cumplía más en el pasado que ahora. "La cuestión de las acciones uniformes y unilaterales tal vez haya sido válida alguna vez (...) no sé quién (del Banco Mundial) dijo eso. Si me da su nombre, me ocuparé de que esa persona no trabaje más aquí", dijo el presidente del Banco Mundial. Y añadió: "Horst (Koehler) y yo, cada uno a su manera, reconocemos que una negociación dificultosa y que vaya en un solo sentido no funciona, y creo que en este momento hemos asumido mucho más un papel de defensores. No es fácil (...) pero hablamos mucho sobre el tema del comercio, sobre el tema de una negociación a dos puntas, y tal vez hemos sido lentos en aprender, pero es el nuevo himno que cantaremos de ahora en adelante".

Manuel dijo que en el Sur el tema ya no es la liberalización sino el acceso a los mercados del Norte. Ya no es más una cuestión filosófica sino de aplicación.

Si bien está de acuerdo en que la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea debe desaparecer, a Karlsson le preocupa que ahora parece que hablar de restricciones al comercio es progresista. Si bien algunos en Europa intentaron quebrar la PAC, Estados Unidos aprobó la ley agrícola y "se va nuestro último aliado (Estados Unidos)". Es necesario que el multilateralismo dé sus frutos, de manera que el Norte pueda "ganarse la confianza del Sur en el gran problema del medio ambiente", dijo el ministro sueco y desestimó que el subsidio a industrias moribundas fuera una cuestión electoral. "Podemos ganar las elecciones y eliminar los subsidios al mismo tiempo", afirmó Karlsson, "el problema es que si vamos a generar confianza en el diálogo entre el Norte y el Sur, tenemos que hacer cosas ahora (...) de lo contrario no podremos hacer frente al gran problema del medio ambiente".

En un diálogo con el público sobre la diferencia cada vez mayor entre lo que se dice en Washington y lo que la opinión pública piensa en países en desarrollo como Brasil, Wolfensohn dijo que el presidente Fernando Henrique Cardoso y el ministro de Economía, Pedro Malán, habían hecho un muy buen trabajo al estabilizar el país y bajar la inflación. "Pero las cuestiones de equidad y justicia social son temas que los brasileños tendrán que resolver (...) la distribución de la riqueza y la forma en que el país se mueve en términos de equidad social, son decisiones que competen al pueblo. No podemos imponerlas", afirmó.

Bissio dijo que si bien podía coincidir con Wolfensohn acerca de esto, "la realidad es que el mercado o los agentes del mercado decidieron que no les gustaba el candidato que estaba punto de elegir el pueblo brasileño (Luiz Inácio Lula da Silva, quien asumirá el 1 de enero). Y artificialmente crearon, contra todos los indicadores económicos, una gran crisis en Brasil a partir de la decisión de un pequeño grupo de agencias de calificación del crédito y grandes especuladores, que no responden ante nadie y a las que nadie controla".

Acerca de los préstamos del Banco Mundial a los sectores de petróleo, minería y gas, y de la promesa de Wolfensohn en la reunión de Praga de que los estudiaría, un representante de una ONG se quejó de que el resultado, la Revisión de Industrias Extractivas, está siendo instrumentada muy deficientemente, mientras que el personal del Banco Mundial continúa discutiendo en los países la participación del organismo en futuros préstamos. Y se refirió en particular al proyecto de minería de oro en Rumania.

El presidente del Banco Mundial dijo que la Revisión de Industrias Extractivas se ha demorado porque no han obtenido aún el acuerdo de la sociedad civil en cuanto a cómo debería establecerse. Un ex ministro indonesio totalmente independiente, Emil Salim, dirige el proyecto, pero había asumido dos cargos al mismo tiempo y participó en Johannesburgo como Representante Especial de la Secretaría General de las Naciones Unidas y, como consecuencia, sus energías se dirigieron a eso. Salim prometió ahora que continuaría con el proyecto de revisión del Banco Mundial.

En cuanto al proyecto rumano, Wolfensohn prometió analizarlo.


 

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